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El origen como pregunta infinita

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El origen como pregunta infinita

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giovanni montilla

10 Views • Aug 19, 2025

Description

¿Cómo puede el origen del universo convertirse en una experiencia pedagógica, sensible y significativa, capaz de conectar ciencia, infancia, cultura, espacio y sonido?
Hablar del origen del universo no es solamente rastrear una línea en el tiempo ni ordenar un conjunto de teorías. Es más bien acercarse a una pregunta que no deja de latir. Una pregunta que no se apaga con respuestas, sino que se aviva al ser compartida, imaginada, dicha en voz alta.
No hay una sola manera de narrar cómo empezó todo. Algunos lo han contado con fórmulas, otros con cantos, con historias transmitidas alrededor del fuego, con imágenes que sobreviven en las paredes o en las palabras. Cada cultura ha mirado al cielo y ha devuelto una versión del inicio. Y cada versión ha estado siempre anclada a un lugar, a una lengua, a un ritmo.
Cuando un niño o una niña pregunta ¿de dónde viene todo eso?, no busca la respuesta que está en un libro. Busca un puente, una imagen, una complicidad. Y nosotros, quienes enseñamos, no estamos allí para cerrar la pregunta, sino para habitarla con ellos. A veces con dibujos, otras con canciones, con relatos que nacen en el cuerpo, en la tierra, en lo que se siente antes de saberse.
El universo no es un objeto lejano. Está presente en lo que pisamos, en lo que respiramos, en las formas en que nos movemos. Está en la estrella que nombra una montaña, en el viento que trae la memoria, en los sonidos que acompañan las noches. No lo vemos entero, pero lo tocamos en fragmentos. Y esos fragmentos, cuando se juntan, revelan que aprender sobre el universo no es desconectarse del mundo, sino entrar más profundamente en él.
Podríamos pensar que la expansión del cosmos fue como un temblor original que aún resuena. Como una vibración que nunca se detuvo del todo. Y en esa vibración, en ese movimiento persistente, nacen galaxias, cuerpos, preguntas, y también maneras de contarlo. A veces, la ciencia explica. Otras veces, la música lo sugiere mejor. A veces es el mapa lo que orienta; otras, una historia inventada por alguien pequeño.
La escuela, entonces, no tendría que ser el lugar donde se enseña una única versión del origen, sino donde se entrelazan formas de mirar. Donde una niña pueda inventar un universo de papel, donde un joven escuche el silencio como una nota perdida en el comienzo del tiempo, donde alguien trace conexiones entre su territorio y las estrellas que ha aprendido a nombrar.
El origen, más que un punto de partida, es una invitación. Una forma de volver a preguntarnos quiénes somos, dónde estamos y qué queremos seguir creando juntos. Y quizás, en lugar de preguntarnos cómo empezó todo, podamos empezar diciendo: “cuéntame cómo lo ves tú”. O mejor aún: “¿te gustaría imaginarlo conmigo?”